Radiografía de amargados y otra fauna

Radiografia de amargados

“La vida es dulce o amarga; es corta o larga. ¿Qué importa? El que la goza la halla corta, y el que la sufre la halla larga”. Ramón de Campoamor.

Hay gente que muestra toda su amargura a la menor ocasión que tiene.

Te encuentras con personas que refunfuñan, resoplan, mascullan, maldicen y, todo eso, con una cara de tocino rancio, como queriendo contagiar sus frustraciones a base de hacer la vida desagradable a los demás. En las empresas, donde pasamos la mayor parte de nuestra vida, se desarrollan especímenes muy peligrosos de este tipo de fauna.

 

Tenemos que estar atentos y detectar a los que reparten ese mal en nuestro entorno, y una vez identificados, cerrar el paso de su veneno. ¡Vamos a por ellos! ;-)

¿Verdad que hay personas que parecen limones exprimidos? Da igual la pasta que tengan, el sexo, la edad, el trabajo, que sean guapos o feos, los hay por todos sitios. Son esas personas que siempre tienen una palabra en la punta de su lengua viperina dispuesta a ser lanzada y jorobarte el día.

Los puedes encontrar de varios perfiles:

 

 

Los “mi mierda de vida justifica mis nauseas”. Si se lo tratas de hacer ver, tienen ya preparada la respuesta: “si tú tuvieras el trabajo de mierda que tengo yo, el marido o la mujer de mierda, el jefe, mis circunstancias… estarías mucho peor que yo”. Además son expertos en ver todo lo bueno que tienes tú en tu vida: “Claro, tú con tu trabajo, con tu pareja, con tu gran mata de pelo en la cabeza…” Por supuesto, su mal es el peor del mundo, y cuando les dices que por qué no tratan de cambiar de… (lo que sea) te dicen que eso no es posible, que eres un iluso. Les suele molestar mucho que la gente se ría, y suelen decir que la felicidad ajena es una pose o algo así. Quieren como que les tengas pena, pero si es posible, mejor que sientas pena también.

Los “Pero, ¡qué dices, si soy el más positivo del mundo!”. Estos son la bomba. Si tratas de saber a qué se debe que en vez de café beban vinagre para desayunar, ponen cara de sorprendidos y te sueltan: “De eso nada, si yo siempre estoy de buen ánimo”. En ese momento, si lo dice con un grupo alrededor, todos se miran y cuesta contener la risa. En todo caso te admiten que tienen algún día malo, “como todo el mundo, ¿no?”. Además en el momento que les señalas su actitud (siempre, esto no falla) tratan de sonreír, como para demostrar la aberración que acabas de soltar, y como su cara tiene menos costumbre de reír, que Urdangarín de trabajar, los músculos se le contraen y su cara se deforma por completo, hasta parecer que estás frente a algún personaje de Walking Dead. Y les sugieres: “casi mejor que no te rías y sigue con esa cara de mala leche perpetua, que me estás dando miedo”.

Los “he nacido para Cruella de Vil”. Su autoestima se asienta en el siguiente axioma: “En el mundo sólo triunfan lo muy capullos, y a eso no me va a ganar nadie, porque vengo dotado de serie para pisar a la gente”, como quitaesenciando la maldad y la ironía. Además se cargan de razón: “Si a Aida Nízar le funciona, a mí también. Este mundo está lleno de capullos con pintas negras y, como no te andes con ojo, te pisan. Aquí hay que abrirse paso a codazos”. No sé por qué, pero les encantan los codazos.

Los “soga en casa del ahorcado”. Son los que tienen el sagrado don de liarla cada vez que hablan. Éstos, pobrecitos, al no hacerlo a propósito, y no tener capacidad para verlo, hay que compadecerles. No tienen arreglo, porque lo ven todos menos ellos. Aunque hay una variante maligna que es la que tiene siempre la frase preparada como de buen rollito, pero para lastimar. Por ejemplo: a alguien le deja la novia y al encontrárselo, como si quisiera empatizar, le suelta (sobre todo si le ve feliz): “¡lo estarás pasando fatal! Cuenta conmigo para lo que quieras. Esa bruja a punto ha estado de joderte la vida, pero para eso están los amigos como yo”. Que debe ser, para rematar el trabajo de la supuesta bruja, abriendo la herida cada vez que quiere cicatrizar.

Los “la única forma de destacar yo, es haciendo que todos los demás fracasen”. Estos son especialmente nocivos. Tienen la extraña virtud de ver el defecto entre las cien virtudes. ¡Joer, qué habilidad! Son los “Sí, pero…” “un día de suerte lo tiene cualquiera…” “tanta suerte no puede ser buena…” “tampoco es para tanto…” “si yo hablara…”. En fin, un cielo de personas para tenerlos de compañeros en el trabajo.

Los “me ha zumbado el oído izquierdo” o la versión “soy medio bruj@” y va a pasar algo malo. ¡Joer! ¡Alguna vez acertarán a base de decir que va a pasar algo malo! Pero cuando apenas los conoces, te dejan con el alma en vilo. Luego ya te vacunas, y das sus zumbidos por síntomas de estar zumbados.

Todas estas gentes muestran su desagrado por la vida, por lo injusto que ha sido el destino con ellos y están dispuestos a pregonarlo y evidenciarlo a cualquier ocasión que se presente. Y como su vida es una sopa rancia y amarga, no se les ocurre otra cosa que echar un puñado de sal, para todavía encontrar más justificada la queja. ¡Ahora sí que es incomestible! Parecen decir.
Creen que por mostrarse amargados y mordaces (esto último se exhibe como una habilidad propia de los genios) se vengan del mundo que los ha hecho tan feos (por dentro), y no se dan cuenta que lo que hacen es convertir su existencia en un sopa que nadie quiere compartir y de la que todo el mundo huye, salvo los que son de la misma especie que se juntan para competir a ver quién hunde más a quién. Es como un hundir la flota, pero en vez de barcos se trata de la persona que tienes enfrente.

¿Qué hacer con ellos?

Huirlos. No hay otra solución. Tratar de cambiarles no hace sino reforzar su creencia de que de esa forma llaman la atención.
 
¿Y si no se puede huir? Casi siempre se puede huir, no nos engañemos. Pero si no se puede, nunca, nunca entrar al trapo. Mirarles como con cara de idiota para que nos compadezcan y le parezcamos poca presa para su inestimable capacidad de hacer daño. Si no le seguimos la corriente se aburren y van con sus dardos a diana más valiosa.

 

 

¿Si somos jefes y los tenemos en la empresa? ¡A la calle cuanto antes! Siempre es barato su despido, que el coste de la indigestión de su veneno. Contratad alegría, proveedores de sonrisas, de ganas, de entusiasmo y, obviamente, cuidarlos como lo que valen, para que no pierdan ese espíritu por el camino.

¿Y si eres de esos y estás leyendo el post? Hace tiempo que habrás dejado de leer y pensarás que soy un iluso, o que todo me ha sido muy fácil en la vida y que si hubiera recibido la mitad de leches que tú, no escribiría estas tonterías en un mundo demasiado negro como para estar hablando de alegría.
 

¡Sonríe! Alguien puede estar haciéndonos una foto.

 

Un artículo de Fernando Sánchez Salinero para citapreviainem.es

Fernando Sánchez Salinero en citapreviainem.es



 

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© Un artículo de Equipo de redacción. Actualizado el 31 de agosto de 2016
 
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3 comentarios en “Radiografía de amargados y otra fauna

  1. Hola yo retorne con retorno voluntario a mi país de origen pero sin haber sido residente legal en españa y aora después de dos años quiero volver a España porq mi madre está con problemas de salud

    • Buenas tardes, los retornos voluntarios implican una prohibición de volver a residir a España en los siguientes 3 años. Pero le recomiendo que acuda al Consulado español y pregunte sobre la posibilidad de conseguir un permiso para entrar en España debido al estado de salud de su madre.

      Un saludo.  [ ] La respuesta completa se comunica al lector por email (ref. 95497)

  2. Hola!

    Me parece genial, lo que has expuesto..yo vivo ese refunfuñar constantemente; es mi hermana mayor que todo en su vida es un caos… es decir, lo siente así; porque en realidad eso no es correcto. Buscaba una respuesta a este comportamiento y todo lo escrito me ha devuelto mi natural alegría y gracias por escribirlo tan claramente ya que sentí que seguiré tu consejo huiré cuando pueda o me haré la idiota cuando eso no sea posible, jajajjaaj
    Pía

 

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